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Puertas correderas

Una corredera no es solo «una puerta que no gira»: es un sistema completo de guía, carro y rodamiento que hay que elegir bien para que no acabe descarrilando ni haciendo ruido a los dos años.

Salón moderno con un sofá de piel y una gran puerta corredera de cristal abierta hacia una piscina exterior.
El sistema de guía y carro pesa más en el resultado final que la propia hoja.

El sistema pesa más que la puerta

La diferencia real entre una corredera que funciona diez años sin dar problemas y una que empieza a chirriar a los seis meses no está en la hoja, está en el carro y en la guía: el rodamiento (con o sin freno de cierre suave), el grosor del riel y si el sistema está pensado para el peso real de esa puerta en concreto. El cristal pesa mucho más que la madera hueca, y hay carros distintos para cada caso.

La segunda decisión es dónde va la puerta cuando está abierta: empotrada dentro del tabique (necesita un hueco de caja específico, no se improvisa a posteriori), de superficie sobre la pared (más fácil de instalar, pero ocupa pared visible) o colgada de un riel visto, que es la solución más sencilla cuando no se puede tocar el tabique.

Guías de correderas

Guía completa Puertas correderas de cristal: guía completa

Templado, laminado o esmerilado; carro reforzado por el peso del vidrio y freno de cierre suave: lo que hay que pedir para que una corredera de cristal no dé sustos.

Vidrio en interior Puertas correderas acristaladas de interior

Acristalada no es lo mismo que de cristal: la hoja lleva bastidor y el vidrio se repone. Qué vidrio pedir, cómo repartirlo y qué herraje aguanta el peso.

A medida Puertas correderas a medida y materiales

Cuándo compensa fabricar fuera de serie, qué cambia cada material en la guía y el carro, y por qué una corredera no es una puerta de acceso exterior.

Fuentes

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