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Pintar y lacar puertas

Antes de cambiar unas puertas viejas por unas nuevas, hay una pregunta que casi nadie se hace primero: ¿y si solo hace falta renovarlas? Lacar es, casi siempre, la opción que nadie ofrece pero la que más sale a cuenta.

Lacar, pintar y barnizar no son sinónimos

Lacar es aplicar una pintura especial (esmalte al agua o al disolvente) con acabado liso y sin poro, normalmente en blanco u otro color sólido: es lo que se ve en la mayoría de puertas modernas. Pintar a secas suele referirse a un acabado menos técnico, con brocha o rodillo, sin el lijado y las manos que lleva una laca de calidad. Barnizar es distinto de los dos: no cubre el color de la madera, solo la protege y le da brillo, así que solo tiene sentido si la madera de debajo merece la pena verse.

La decisión entre renovar y cambiar depende sobre todo del estado del núcleo de la puerta, no del acabado: si la hoja está sana por dentro —sin golpes profundos ni hinchazones— lacar deja un resultado indistinguible de una puerta nueva por una fracción del coste, y sin generar el escombro de retirar el marco viejo.

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