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Puertas de garaje

Cuatro sistemas, un mismo hueco. La puerta de garaje es de las pocas decisiones de la casa donde el tipo correcto depende casi solo de cuánto espacio hay delante y detrás: no de gusto ni de estilo.

Fachada de una vivienda con una puerta de garaje blanca de dos hojas y camino de acceso de hormigón.
El espacio disponible delante y detrás del hueco decide el sistema, no el gusto de quien lo elige.

El espacio disponible decide el sistema, no al revés

La basculante clásica necesita metros libres delante del garaje para que la hoja gire hacia fuera al abrirse; en un garaje con poca separación a la calle o a un coche aparcado, ese giro es justo lo que no se tiene.

La seccional resuelve eso: la hoja se pliega en paneles y sube pegada al techo, sin invadir ni el exterior ni el interior. La enrollable se recoge en un cajón sobre el hueco y es la que menos altura de dintel necesita; la abatible de dos hojas es la más antigua y la que menos automatismo admite bien.

Motorizar cualquiera de las cuatro es casi siempre posible a posteriori. Pero el mantenimiento (muelles, guías, fotocélulas) es lo que de verdad decide si la puerta dura veinte años sin sustos o empieza a fallar a los cinco.

Guías de garaje

Fuentes

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