El acabado que más se vende en España no es una moda pasajera: disimula el desgaste, combina con cualquier suelo y es el único lacado que se puede repintar sin que se note el retoque.
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Puertas de interior
Es la decisión que se toma una vez cada veinte años y con la que hay que vivir todos los días. Aquí está lo que de verdad cambia entre una puerta y otra: el núcleo, el acabado y la medida — no el catálogo entero de un fabricante.
Lo que de verdad diferencia una puerta de otra
Por fuera, dos puertas de interior pueden parecer iguales y pesar y sonar completamente distinto. Lo que importa está dentro: si el núcleo es macizo, semimacizo o hueco con panal de cartón, y qué chapado o lacado lleva encima. Eso decide el peso, el aislamiento acústico entre habitaciones y, sobre todo, si aguanta un golpe sin abollarse.
La medida es el segundo error habitual: en España las puertas de interior vienen en anchos normalizados de hoja (52,5 / 62,5 / 72,5 / 82,5 / 92,5 cm), no en cualquier ancho de hueco. Medir mal el hueco de obra —o no dejar el hueco pensado para el ancho normalizado— es la causa más frecuente de tener que pedir una puerta a medida, que siempre cuesta más y tarda más.